Skip to content

La dieta a base de plantas, ¿El futuro de la dieta en la Enfermedad Renal Crónica (ERC)?

Por Licenciada Cristina Zelaya

Los riñones son órganos fundamentales para vivir, ya que son los encargados de realizar múltiples funciones en el organismo como: mantener el equilibrio de agua y electrolitos, producir hormonas, controlar la presión arterial, filtrar sustancias tóxicas, mantener balance de ácidos y bases, entre otros (Fraser & Blakeman, 2016).

Cuando una persona es diagnosticada con enfermedad renal crónica (ERC), debe dar lugar a múltiples cambios en estilo de vida. Dentro de estos se encuentra el control de la ingesta de líquidos y el uso de medicamentos enfocados principalmente en retrasar la necesidad del uso de terapias de sustitución renal (TSR) como hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante renal (Evangelidis N et al, 2019).

La alimentación también tiene un lugar importante en el manejo de la ERC. La dieta es fundamental para evitar el progreso de esta enfermedad.

En años recientes, ha habido un movimiento hacia la adopción de dietas, “plant-based”, o dietas a base de plantas como forma de manejar enfermedades renales.

¿Es el abordaje de dietas a base de plantas efectivo para el manejo de ERC?

En este artículo se presenta un análisis a los nuevos enfoques del manejo de la ERC con dietas a base de plantas.

¿Qué es la enfermedad renal crónica?

La enfermedad renal crónica (ERC) es una enfermedad progresiva multicausal, con una prevalencia mundial del 11-13 %, siendo la diabetes y la hipertensión las principales causas en adultos.

La ERC se define como la presencia de alteraciones en la estructura o función renal en un tiempo mayor o igual a 3 meses, en donde la salud se ve comprometida; se clasifica en 5 estadios según la estimación del filtrado glomerular (eGFR) en donde se utiliza la creatinina, raza y edad dentro de la ecuación; un eGFR igual o mayor a 90 ml/min/1.73m2 es el estadio 1 y menos de 15 ml/min/1.73m2 el estadio V (Santin F et al, 2019) .

La importancia de intervenciones nutricionales para el manejo de ERC

Contrario a lo que muchos piensan, no existe una “dieta renal” que podamos utilizar en todos los pacientes. Las dietas se deben individualizar y debe haber cambios en el estilo de vida de forma en que sea realista para cada persona.

Los objetivos de la intervención nutricional para evitar el progreso de la enfermedad deben incluir tratar la enfermedad de base, mantener o mejorar el estado nutricional, prevenir la acumulación de toxinas y evitar complicaciones como anemia, alteraciones electrolíticas y acidosis metabólica.

Existen múltiples guías y recomendaciones de cuánto se debe prescribir de energía y nutrientes a los pacientes con ERC, pero el mejor patrón alimenticio para esto y cómo lograr que los pacientes tengan una adecuada adherencia a las recomendaciones, aún sigue en investigación (Anderson Nguyen & Rifkin, 2016).

La dieta a base de plantas y ERC

Una dieta a base de plantas (comúnmente conocida por el término en inglés, plant-based diet) es una dieta que incluye en su mayoría frutas, vegetales, granos, legumbres, semillas, aceites saludables y reduce o elimina la ingesta de productos de origen animal como carne, pollo, leche y huevos.

Este tipo de dietas altas en fibra, vitaminas y minerales; como la dieta Mediterránea y la dieta DASH, son dietas que se han vuelto muy populares en los últimos años, ya que se han asociado con una disminución en el riesgo a desarrollar obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedad cardiovascular, pero que recientemente se comienza a estudiar su impacto en la prevención y tratamiento del daño renal (Hever, 2016 & Dinu M et al, 2017).

En el ámbito de nutrición renal en Guatemala, hasta hace poco no se recomendaba una dieta a base de plantas, ya que se priorizaba la restricción de potasio, el cual está contenido en frutas y vegetales, y la restricción de fósforo, el cual se encuentra en granos y legumbres.

Se solía restringir estos alimentos, los cuales son abundantes en las dietas a base de plantas, debido a la acumulación de estas sustancias en sangre por la incapacidad de los riñones con daño de eliminarlas por la orina, lo cual puede causar arritmias y problemas óseos en estos pacientes.  Algunas guías recomiendan al menos 50% de proteínas de alto valor biológico (AVB) que deben provenir de fuentes animales para cubrir los requerimientos de aminoácidos esenciales y evitar el riesgo de  malnutrición, lo cual es frecuente en esta población. Esto se creía era imposible de cumplir con este tipo de dietas y que el utilizarlas causaría aumentar este riesgo.

La calidad proteica se ha definido como el valor biológico y composición de aminoácidos esenciales que contiene el alimento y que las proteínas animales se conocen como “proteínas completas”.  

Sin embargo, el rol de las proteínas animales en la dieta  carece de importancia cuando se conoce que cada alimento tendrá distintos tipos y distinta cantidad de aminoácidos  (Carrero, et al 2020). Las proteínas de origen animal y vegetal difieren en su contenido, digestibilidad y biodisponibilidad de aminoácidos, pero no debería ser relevante preocuparse por no poder cumplir los requerimientos de proteína si se tiene una dieta variada y adecuada.

Estudios demuestran que se logra obtener el mismo perfil de aminoácidos con ambas fuentes de proteína (animal y vegetal), únicamente una relación menor de lisina a arginina en las dietas a base de plantas sin daño aparente; se ha determinado que sí se logra cubrir los requerimientos de proteína en pacientes con ERC con ambas dietas (Carrero, et al 2020)

Varios estudios demuestran que una dieta a base de plantas variada y equilibrada tanto en etapa pre-diálisis como en TSR no presenta riesgo nutricional en estos pacientes y la presentan como una opción más económica y apetecible, lo que mejora la adherencia a ésta.

Otros beneficios que se han demostrado con esta dieta son: disminución de toxinas urémicas, control de la presión arterial, disminución de marcadores de inflamación y mediadores de oxidación, control de acidosis metabólica, mayor aporte de fibra y el favorecimiento de un mejor tránsito intestinal (Cases, Cigarrán-Guldrís, Mas & González-Parra, 2019).

El Departamento de Agricultura, el departamento de salud y servicios humanos y la National Kidney Foundation (USA) recomiendan el consumo de dietas a base de plantas para prevenir enfermedades cardiovasculares y evitar el progreso de la enfermedad renal, por  su bajo contenido de sodio, grasa saturada y por su aporte de fibra, potasio, fósforo, magnesio y calcio. Asimismo, se ha encontrado que las dietas con alto contenido de fuentes vegetales y con bajo aporte de alimentos de origen animal, disminuyen el riesgo de progresión renal, disminuyendo la inflamación, disfunción endotelial y estrés oxidativo  (Clegg & Hill, 2019 & Kim H et al, 2019)

Específicamente el consumo de proteína de origen vegetal se ha asociado con una disminución del 53% de riesgo de desarrollar ERC y la sustitución de carne procesada por legumbres se ha encontrado que reduce el riesgo en un 31%. Por otro lado, en pacientes con ERC el consumo de proteína vegetal se ha relacionado con menor microalbuminuria, lo cual es un marcador de progresión renal y en el estudio de Lew et al. Se determinó que el reemplazo de una porción de carne roja por soya y legumbres disminuyó el riesgo de llegar a ERC estadio V en un 50.4% (Joshi, Hashmi,Shah & Kalantar-Zadeh)

Efectos específicos de una dieta a base de plantas en el paciente con ERC

Proteína vegetal

Distintos estudios demuestran los beneficios de estas dietas en prevenir el progreso de la ERC y se ha encontrado que incluso en los pacientes en terapias de sustitución renal (TSR) se logra obtener adecuada cantidad y calidad de proteína. La restricción de proteína en la dieta, disminuye el progreso de la enfermedad y la proteína de origen vegetal tiene menos impacto en la hemodinamia renal, evitando la hiperfiltración y proteinuria, lo cual preserva la función renal. En general, estas dietas se han asociado con una menor tasa de mortalidad y riesgo cardiovascular (Kalantar-Zadeh & Fouque, 2017).

Estos datos demuestran que una dieta variada alta en proteína vegetal es adecuada y no debe pensarse como una dieta inferior a las dietas altas en proteína de origen animal en pacientes con ERC.

Microbiota intestinal

La disbiosis intestinal del paciente con ERC mejora con una dieta a base de plantas, ya que una dieta alta en fibra reduce las bacterias patogénicas, mejora el tránsito intestinal y aumenta la producción de ácidos grasos de cadena corta que permiten que los amino ácidos se excreten a través de las heces en vez de fermentarse a toxinas urémicas. (Cases, Cigarrán-Guldrís, Mas & González-Parra, 2019).

Fuente: Carrero J et al (2020)

La fibra que se obtiene en este tipo de dieta es óptima, ya que logra que la microbiota sea capaz de generar compuestos anti inflamatorios y reducir las toxinas urémicas que conllevan complicaciones como anorexia y vómitos en estos pacientes.

Balance ácido-base y fósforo

La acidosis metabólica se logra controlar mejor, pues estas dietas disminuyen la carga ácida, funcionando como una terapia alcalina. Por otro lado, ayuda a controlar la hiperfosfatemia (el exceso de fosfato circulante) la cual es un factor de riesgo independiente de mortalidad. El tipo de fósforo que se encuentra en alimentos de origen vegetal es fósforo orgánico, el cual tiene menor biodisponibilidad en el cuerpo por el contenido de fitatos en las plantas que hace que el cuerpo no pueda absorberlo por carecer de la enzima fitasa.

La absorción del fósforo orgánico de origen vegetal es de alrededor del 20-50%, a diferencia de los alimentos de origen animal que se absorben en mayor cantidad (40-60%) y del fósforo inorgánico que se encuentra principalmente como aditivos en productos industrialmente preparados, el cual se absorbe el 100% (Puchulu et al, 2018 & Noori N et al, 2010; Rose& Strombom, 2019)

Las dietas basadas en plantas tienen una carga ácida menor a las dietas altas en alimentos de origen animal, lo cual mejora la acidosis metabólica en estos pacientes disminuyendo el progreso de la enfermedad. Por otro lado el fósforo unido a fitato en las platas es menos biodisponible en el cuerpo y tienen una relación entre fósforo y proteína menor, lo que permite una alimentación menos restrictiva.

Potasio

La hiperkalemia, o exceso de potasio, es la principal razón por la que se ha recomendado evitar esta dieta en pacientes con ERC, pues es una complicación que normalmente se trata restringiendo frutas y verduras por ser estas “altas” en este mineral. Sin embargo, no hay estudios que demuestren diferencias significativas en los niveles de potasio en sangre o excreta urinaria utilizando esta u otro tipo de dieta (Picard K, 2018).

Se ha encontrado que el potasio que se encuentra en las plantas promueve la excreción fecal de potasio por el alto contenido de fibra. Asimismo, otros estudios demuestan que la biodisponibilidad del potasio contenido en alimentos de origen vegetal sin procesar es entre el 50- 60%, por lo que el aumento de estos alimentos no debería causar problemas importantes relacionados con el potasio (Clegg, Headly & Germain, 2020).

En pacientes en estadios avanzados o en TSR que tienen hiperkalemia, se debe vigilar de cerca los niveles de potasio, pues pueden requerir ciertas restricciones, uso de técnicas culinarias para disminuir contenido de potasio, educación acerca de los aditivos a base de éste o el uso de  quelantes de potasio como tratamiento; tomando en cuenta otras posibles causas de hiperkalemia como ayuno prolongado, estreñimiento, degradación de tejido o el uso de ciertos medicamentos (Antunes R, et al 2020; St Jules, Goldfarb & Sevick, 2016;Campbell T& Liebman, 2019 )

Eliminar alimentos de origen vegetal por miedo a hiperkalemia, evita obtener los beneficios que éstos ofrecen como fibra, vitaminas y menor carga ácida.  Asimismo, se debe tomar en cuenta que la biodisponibilidad de potasio no es tanta en estos alimentos y que se debe revisar otras posibles fuentes como medicamentos, alimentos procesados o sustitutos de sal que pueden ser altos en este mineral.

Es importante recordar que el monitoreo es indispensable y que en el caso de los pacientes con hiperkalemia establecida, se pueden buscar alternativas para disminuir el aporte de potasio como: optar por frutas y verduras con baja cantidad de este mineral, el uso de técnicas culinarias para disminuirlo o la utilización de quelantes de potasio.

Conclusión

Independientemente de la dieta que sigue el paciente con ERC, se debe individualizar cada caso, conocer la enfermedad de base y monitorear constantemente a los pacientes desde etapas iniciales.

La implementación de cambios en el estilo de vida, los cuales tienen un impacto positivo en el cuidado de los riñones, incluye el aumento de ingesta de frutas, verduras y granos enteros. Se debe perder el miedo y cambiar la mentalidad de “la dieta renal” como una dieta restrictiva y aburrida a que ésta sea una dieta variada, balanceada y con bajo aporte de proteína de origen animal para favorecer un adecuado tránsito intestinal, control de acidosis metabólica, electrolitos y presión arterial.

La dieta a base de plantas puede utilizarse en estos pacientes tanto en terapias tempranas como en terapias avanzadas, tomando en cuenta las características de cada persona y realizando los ajustes necesarios acompañado siempre de un nutricionista especializado.

Nos enfrentamos ante un nuevo panorama; y aunque hacen falta estudios clínicos, la evidencia observacional nos inclina a pensar que una dieta a base de plantas variada, balanceada y adaptada a los requerimientos individuales es el futuro de la dieta para mejorar la calidad de vida de los pacientes con ERC.

Sobre la Autora:

Licenciada Cristina Zelaya es Nutricionista Clínica egresada de la Universidad Francisco Marroquín, y cuenta con una maestría en Enfermedad Renal y Síndrome Metabólico. Desde el 2014 es nutricionista en la Fundación para El Niño Enfermo Renal – FUNDANIER- y en el 2017 co-fundó la Clínica de Nutrición Renal – CLINURÉ-. Licenciada Zelaya es co-catedrática de los cursos de Nutrición Humana 1 y 2 en la Escuela de Nutrición de la UFM.

Referencias:

  1. Fraser S, Blakeman T. Chronic kidney disease: identification and management in primary care. Pragmat Obs Res. 2016; 7:21-32. doi: 10.2147/POR.S97310
  2. Santin F, Canella D, Borges C, Lindholm B, Avesani C. Dietary Patterns of patients with chronic kidney disease: the influence of treatment modality. Nutrients, 2019. 11, 1920; doi:10.3390/nu11081920
  3. Evangelidis N, Craig J, Bauman A, Manera K, Saglimbene V, Allison Tong. Lifestyle behavior change for preventing the progression of chronic kidney disease: a systematic review. BMJ Open 2019;9:e031625. doi:10.1136/ bmjopen-2019-031625
  4. Anderson C, Nguyen H, Rifkin D. Nutrition interventions in chronic kidney disease. Med Clin N Am, 2016. http://dx.doi.org/10.1016/j.mcna.2016.06.008
  5. Hever J. Plant Based Diets: A Physicians Guide. Perm J 2016 Summer; 20 (3) 15-082. http://dx.doi.org/10.7812/TPP15-082
  6. Monica Dinu, Rosanna Abbate, Gian Franco Gensini, Alessandro Casini & Francesco Sofi (2017) Vegetarian, vegan diets and multiple health outcomes: A systematic review with meta-analysis of observational studies, Critical Reviews in Food Science and Nutrition, 57:17, 3640-3649, DOI: 10.1080/10408398.2016.1138447
  7. Carrero J, et al (2020). Plant-based diets to manage the risks and complications of chronic kidney disease. Nat Rev Nephrol.  https://doi.org/10.1038/s41581-020-0297-2
  8. Cases A, Cigarrán-Guldrís S, Mas S, González-Parra E (2019) Vegetable- Based Diets for Chronic Kidney Disease? It is time to reconsider. Nutrients 11, 1263; doi:10.3390/nu11061263
  9. Clegg D, Hill K (2019) Plant-Based Diets in CKD. Clin J Am Soc Nephrol. 14 (1) 141-143; DOI: https://doi.org/10.2215/CJN.08960718
  10. Kim H, Caufield L, Garcia-Larsen V, Steffen L, Grams M, Coresh J, Rebholz C (2019) Plant- Based Diets and Incident CKD and Kidney Function. CJASN. doi: 10.2215/CJN.12391018
  11. Lew QJ, Jafar TH, Koh HW, etal. (2016) Red meat intake and risk of ESRD. JAmSoc Nephrol; 28:304–312. doi: 10.1681/ASN.2016030248
  12. Joshi S, Hashmi S, Shah S, Kalantar-Zadeh K (2020). Plant based diets for prevention and management of chronic kidney disease. Curr Opin Nephrol Hypertens, 29:16-2. DOI:10.1097/MNH.0000000000000574
  13. María B. Puchulu, Natalia Ogonowski, Fabiola Sanchez-Meza, María L. A. Espinosa-Cuevas & Paola Miranda-Alatriste (2018): Dietary Phosphorus to Protein Ratio for the Mexican Population with Chronic Kidney Disease, Journal of the American College of Nutrition, DOI: 10.1080/07315724.2018.1501327
  14. Kalantar-Zadeh K, Fouque D (2017) Nutritional management of chronic kidney disease. N Engl J Med; 377:1765–1776. DOI: 10.1056/NEJMra1700312
  15. Noori N, et al. (2010) Iranian Journal of Kidney Diseases. 4(2): 89-100
  16. Rose SD, Strombom AJ. A Plant-Based Diet Prevents and Treats Chronic Kidney Disease. JOJ uro & nephron. 2019; 6(3): 555687
  17. Picard K (2018). Potassium Additives and bioavailability: Are we missing something in Hyperkalemia Management? Journal of Renal Nutrition. https://doi.org/10.1053/j.jrn.2018.10.003
  18. Clegg DJ, Headley SA, Germain MJ, (2020). Impact of Dietary Potassium Restrictions in CKD on Clinical Outcomes: Benefits of a Plant-Based Diet, Kidney Medicind, doi: https:// doi.org/10.1016/j.xkme.2020.04.007.
  19. Antunes R, et al (2020). Diet in Chronic Kidney Disease: an integrated approach to nutritional therapy. Rev Assoc Med Bras; 66: 59-67. http://dx.doi.org/10.1590/1806-9282.66.S1.59
  20. St-Jules D, Goldfarb D, Sevick M (2016). High- Potassium Plant foods help to prevent Hyperkalemia in Hemodialysis Patients? National Kidney Foundation, Inc. Journal of Renal Nutrition, vol 26, No 5: 282-287. http://dx.doi.org/10.1053/j.jrn.2016.02.005
  21. Campbell T, Liebman S (2019). Plant-based dietary approach to stage 3 chronic kidney disease with hyperphosphatemia. BMJ Case Rep. 12. doi: 10.1136/bcr-2019-232080

Imagen 1 de John Campbell en Flickr.

Imagen 2 Photo de PxHere

Imagen 3 de Wikimedia Commons.