¿En desventaja los más bajos? Asociación entre la estatura y el cociente intelectual*

— Karen Schlosser

Importancia del desarrollo óptimo en los primeros años de vida

La pobreza y la malnutrición representan factores de riesgo importantes para el desarrollo en la niñez. Se estima que, en países en vías de desarrollo, más de 200 millones de niños menores de 5 años no alcanzan su potencial en desarrollo.[1]  Estos primeros años de vida son particularmente importantes, pues durante esta época ocurren importantes cambios a nivel cerebral  (Figura 1), y por lo tanto, cualquier evento que altere estos procesos podría tener consecuencias a largo plazo en la capacidad funcional y estructural del cerebro.

Fig. 1  Desarrollo del cerebro humano[2]

Relación entre estatura y estado nutricional

 La estatura baja afecta entre 0.1 y 2.5% de la población mundial[3].  Esta se define así cuando la talla se encuentra ≥2 desviaciones estándar (DE) por debajo de la media poblacional. Sus causas son múltiples y están asociadas a enfermedades, factores ambientales, genéticos y también emocionales.

La malnutrición es una de las causas principales de retraso en el crecimiento en la mayoría de países en vías de desarrollo, y cerca de un tercio de niños en estos países presentan esta condición. [4],[5],[6]  

La Tabla 1 muestra datos porcentuales de talla baja (desnutrición crónica) a nivel mundial para las regiones de Naciones Unidas, basadas en un análisis de 288 encuestas nacionales de 139 países.  En estos datos se puede observar que, en el año 2005, 32% (178 millones de niños) de la población de niños menores de cinco años de todos los países en desarrollo sufrían de desnutrición crónica. 

Tabla 1. Porcentaje de retraso en el crecimiento (95% CI) en niños menores de 5 años en el 2005, según las tablas de referencia de la OMS para regiones y subregiones de las Naciones Unidas[7]

Un estado nutricional adecuado es clave para lograr alcanzar el potencial de los individuos.  Existe suficiente evidencia que la malnutrición afecta el intelecto, reduce la productividad y perpetua la pobreza.[8] El crecimiento del niño se ve afectado a largo plazo y sus consecuencias son relativamente irreversibles, ya que la ventana de oportunidad para abarcar efectivamente el problema se limita desde el inicio del embarazo hasta los 2 años de edad.[9],[10]

La Figura 3 muestra un marco conceptual, desarrollado por UNICEF, que reconoce las causas básicas, subyacentes e inmediatas de la malnutrición.

 

 Fig. 3 Marco conceptual (UNICEF) de las causas de la malnutrición[11]

 

 

Relación entre estatura y cociente intelectual

 

Una asociación positiva entre la estatura y la inteligencia (CI) se ha encontrado tanto en la niñez[12] como en la edad adulta[13], [14], [15].

Se ha demostrado que la talla baja a los 2 años de edad se asocia significativamente con un déficit en habilidades cognitivas más tarde en la vida.[16] Así mismo, se ha encontrado una relación positiva entre la estatura y rendimiento escolar; se han reportado menos casos de retiros escolares en niños más altos.[17] Se estudió también que las habilidades aritméticas específicas eran menores al comparar niños con retraso en el crecimiento y niños con talla normal[18].  En la Tabla 2 se presentan los datos promedio que demuestran la relación entre talla baja y pruebas cognitivas y desempeño escolar del estudio de Grantham-McGregor.

Tabla 2. Resumen descriptivo de estudios que estudiaron la asociación entre retraso en el crecimiento y puntajes en pruebas cognitivas y desempeño escolar.[19]

 

 

 

Estudios longitudinales han encontrado que la velocidad de crecimiento también está asociada al CI.  Un estudio sueco encontró que los hombres que eran pequeños al nacer, pero luego alcanzaban una estatura apropiada tenían CI mayores que aquellos que eran pequeños al nacer y permanecían de estatura corta en edad adulta[20]. Estudios publicados en Inglaterra revelaron que una alta velocidad de crecimiento entre los 2 y 4 años[21] así como entre 9 y 13 años[22] se asociaba con CI mayores. 

La estatura de un adulto se ha relacionado con su posición socioeconómica en varios estudios transversales.[23]  La estatura corta en la edad mediana se ha encontrado que predice una disminución en el CI durante la vejez[24].  Por lo tanto, se puede decir que la estatura baja ha sido asociada consistentemente con menor CI durante el ciclo de la vida.

 

A lo largo del tiempo han surgido varias explicaciones para la asociación entre la estatura y el CI; por ejemplo, la variación en el volumen cerebral.  Estudios previos han demostrado relación significativa entre el volumen cerebral y la estatura[25] y CI[26].   Sin embargo, la explicación más aceptada es que los factores ambientales afectarán tanto la estatura como el CI durante la niñez y por lo tanto la estatura en edad adulta se puede utilizar como un indicador de las condiciones de vida durante la infancia.

 

La posibilidad que los factores ambientales sean los únicos responsables de esta asociación parece contrastar con hallazgos en estudios entre gemelos y adopciones, que han encontrado una correlación entre herencia y CI. En la edad adulta, más de la mitad de las variaciones en CI es secundaria a diferencias genéticas entre individuos[27]. Por lo tanto, existe una posibilidad que factores genéticos también sean responsables entre la asociación de la estatura y el CI.

 

* El artículo original fue publicado en la Revista electrónica Ingeniería y Ciencia

 

 

Artículos relacionados:

Estado nutricional de niños en Guatemala: Hablemos de malnutrición

 


[1] Grantham-McGregor, S., et.al.  Child development in developing countries: developmental potential in the first 5 years for children in developing countries. Lancet 2007; 369:60-70

[2] Thompson RA, Nelson CA. Developmental science and the media: early brain development. Publicado por Grantham-McGregor, S., et.al.  Child development in developing countries: developmental potential in the first 5 years for children in developing countries. Lancet 2007; 369:60-70

[3] Wheeler P.G., et.al. Short Stature and Functional Impairment. Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine 2004;158:236-243

[4] Black R.E., et al. Maternal and child undernutrition: global and regional exposures and health consequences. Lancet 2008; 371: 243–60.

[5] Streatfield P.K., et.al. Mainstreaming nutrition in maternal, newborn and child health: barriers to seeking services from existing maternal, newborn, child health programmes. Maternal and Child Nutrition 2008; 4: 237–255.

[6] Ashworth A., et.al. Growth monitoring and promotion: review of evidence of impact.  Maternal and Child Nutrition 2008; 4: 86–117

[7] Traducción y elaboración propia con datos de Black R.E., et al. Maternal and child undernutrition: global and regional exposures and health consequences. Lancet 2008; 371: 243–60.

[8] Id

[9] Gribble J.N., Murray N., y Menotti E.P.  Reconsidering Childhood Undernutrition: Can Birth Spacing Make a Difference? An Analysis of the 2002-2003 El Salvador National Family Health Survey.  Maternal and Child Nutrition 2009; 5: 49-63

[10] Dewey K.G. y Adu-Afarwuah S. Systematic review of the efficacy and effectiveness of complementary feeding interventions in developing countries. Maternal and Child Nutrition 2008; 4:24–85

[11] Traducción y Elaboración propia con datos de UNICEF 2005

[12] Ver pie de página No.3

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[18] Chang S. M., et.al. Early Childhood Stunting and Later Behaviour and school Achievement. Journal of Child Psychology and Psychiatry 2002; 43:775-783

[19] Traducción y elaboración propia con datos de Grantham-McGregor, S., et.al.  Child development in developing countries: developmental potential in the first 5 years for children in developing countries. Lancet 2007; 369:60-70

[20] Lundgren E.M., et.al. Intellectual and psychological performance on males born small for gestational age with and without catch-up growth. Hormone Research 2003; 59: 139-141

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[24] Abbott, R.D., et.al. Height as a marker of childhood development and late-life cognitive function: the Honolulu-Asia Aging Study. Pediatrics 1998;102:602–609

[25] Posthuma D., et.al. Multivariate genetic analysis of brain structure in an extended twin design. Behavior Genetics 2000;30:311–319

[26] Posthuma D., et.al. The association between brain volume and intelligence is of genetic origin. Nature Neuroscience 2002; 5: 83–84

[27] Plomin R. y Spinath, F.M. Intelligence: genetics, genes, and genomics. Journal of Personality and Social Psychology 2004;86:112–129