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Trastornos de la conducta alimentaria: Mitos y verdades

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) han sido asociados a múltiples mitos y estereotipos que  estigmatizan a personas que padecen de este grupo de  enfermedades. Algunos de los mitos más comunes son:

 

Mito #1: Los TCA ocurren por vanidad o por elección.

Las personas no eligen padecer de estos trastornos. Los mismos son un grupo de enfermedades que  se desarrollan por diversos factores (biológicos, sociales, psicológicos e interpersonales) y requieren de tratamiento complejo.

 Mito #2: Solamente las mujeres adolescentes padecen de TCA.

Verdad: durante muchos años se pensó esto. Sin embargo, estudios científicos comprueban que aunque  el problema puede iniciar en la adolescencia, también padecen de este grupo de trastornos niños, así como hombres y mujeres de mayor edad.  

Mito #3: Si tiene un TCA, es por llamar la atención.

No es así. De hecho, debido a la naturaleza de los TCA, la persona puede hacer un gran esfuerzo para esconder o negar su comportamiento o puede no reconocer que hay algo malo.

Mito #4: Los TCA son solamente un problema de alimentación. Si la persona inicia a alimentarse, el trastorno desaparecerá.

Verdad:  los problemas de alimentación son un síntoma de un problema subyacente. Las personas con un TCA pueden utilizar los alimentos como maneras de obtener cierto confort o control, así como también para adormecer sentimientos o emociones. 

Mito #5: Las personas con peso normal o con sobrepeso no tienen TCA.

Es muy difícil determinar si alguien tiene TCA solamente por el peso. Una persona con anorexia puede haber disminuido solamente 5 libras, una persona que padece bulimia normalmente tiene peso normal o hasta sobrepeso, una persona con trastorno por atracón tiene típicamente sobrepeso. Sin embargo no se debe generalizar ya que no siempre es así.

Mito #6: Siempre existe algo “malo” en la persona o en la familia de la persona que padece TCA, todo se debe a una familia disfuncional.

Este mito ha afectado a los padres, especialmente a las madres que son culpadas por los problemas de la experiencia de su hijo/a. La influencia de los padres puede afectar en el desencadenamiento de un desorden alimenticio, pero no existen pruebas que ellos sean los causantes totales del problema en sus hijos. Se necesita un papel activo de los padres para la recuperación del paciente.

Mito #7: Hacer dieta es parte de una vida normal.

Los cambios en el estilo de vida son necesarios para un estilo de vida saludable. Sin embargo, los TCA ocurren casi invariablemente en personas que han realizado una dieta anteriormente, o con alimentación desordenada. Las dietas llevadas irresponsablemente  sin control profesional también se asocian a depresión, ansiedad, problemas nutricionales y metabólicos e incluso un aumento de peso.

 Mito #8: Una persona que sufre de TCA debe de ir solamente con un psicólogo/a para su tratamiento de recuperación.

La enfermedad tiene varias causas y sintomatología diversa, por lo que es de suma importancia para una recuperación efectiva recibir tratamiento complejo con  un equipo de profesionales de la salud con conocimientos en el tema.

Mito #9: : Recuperarse de un desorden de alimentación es como recuperarse de alcoholismo, o de adicción a drogas.

No hay que confundir los dos tipos de rehabilitación. Las  personas que estén en recuperación de alcoholismo tienen un  enfoque en dejar de beber, por lo contrario, una persona con un desorden de alimentación no puede dejar de comer, entonces una de los retos mas grandes en el proceso terapéutico es un re aprendizaje sobre comer nutritivamente

Mito #10:  La recuperación de peso indica que la persona está curada.
La recuperación del peso es esencial para que las personas puedan recibir y participar en sus terapias psicológicas. La recuperación del peso como tal no significa que la persona está curada o fuera de peligro, es un gran paso pero es cuando se debe de hacer mayor énfasis en la recuperación y prevención de recaídas.

 

— Licda. Cecilia Quesada, egresada de la Escuela de Nutrición y especialista en temas de TCA

Peligro de la grasa abdominal

Con la edad vamos perdiendo una cintura envidiable y empezamos a acumular grasa abdominal que nos hace sentirnos incómodos con la figura. La grasa representa un acúmulo extra de calorías almacenadas y estas se acumulan en diferentes partes del cuerpo dependiendo del sexo. Las mujeres la almacenan principalmente en caderas y muslos, mientras que los hombres en el abdomen. El exceso de grasa en cualquier parte del cuerpo predispone a diabetes, hipertensión arterial y enfermedad del corazón, PERO ¿sabía usted el riesgo que representa la grasa extra acumulada en el abdomen a diferencia de la grasa que se deposita en otras partes del cuerpo? A diferencia de la grasa bajo la piel, la grasa visceral envuelve el corazón, hígado, riñones y páncreas, incluso infiltrándose en los músculos.
Recientemente se ha conocido que la grasa abdominal funciona como un órgano aparte y libera hormonas y otros compuestos como citosinas que producen inflamación. La inflamación crónica en las arterias se relaciona a endurecimiento de las mismas, lo que produce más resistencia al corazón que tiene que aumentar la presión de bombeo y producir hipertensión. Asimismo, las citosinas pueden desarrollar resistencia a la insulina que conllevan a diabetes tipo 2 del adulto. La grasa en el abdomen recubre los órganos internos afectándolos, a esta condición se le denomina grasa visceral. Es común el hígado graso con sus posibles riesgos de evolucionar a cirrosis si no se actúa nutricionalmente. En la mujer puede predisponer además de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular a cáncer de mama y colon. En el hombre, al disminuir su masa muscular y acumular grasa abdominal disminuye resistencia al ejercicio y los niveles de testosterona y disminuye la líbido.

¿Cómo saber si está a riesgo de estas condiciones?

Lo más fácil en la medición de la circunferencia de la cintura. Entonces, ¿cuál es lo normal que debe medir la cintura de un adulto?

He aquí como se mide y lo normal:
• Encuentre el borde más bajo de las costillas y la parte alta del hueso de la cadera
• Con una cinta métrica mida los centímetros en el punto medio de los dos puntos de referencia mencionados
• Al medirla exhale el aire en forma natural y que la cinta métrica ajuste sin presionarla

Hombre: cintura menor de 102 cm
Mujer: cintura menor a 88 cm

Sin importar su peso o su índice de masa corporal. Estas medidas son fijas. 
La buena noticia es que si se corrige el sobrepeso y se cambia el estilo de vida la mayoría de cambios son reversibles.

Recomendaciones:

1. Consuma una dieta saludable. Coma verduras y frutas en abundancia, prefiera carnes magras y de preferencia carnes blancas, pescado y lácteos descremados. Evite carbohidratos refinados como los presentes en bebidas de soda o refrescos, pan, pasteles, pastas, pizza o papas. Limite el consumo de dietas saturadas como las presentes en carnes rojas y lácteos (como queso y mantequilla). Use grasas mono insaturadas y poli insaturadas, las encuentra en nueces, pescado y aceites (oliva, girasol, aguacate, etc.)
2. Limite porciones de alimentos. Es útil comer despacio y así estar consciente de encontrar ¨un freno¨ para decir “ya me sacié, aquí paro”.
3. Reemplace bebidas endulzadas por agua o en su defecto, use un edulcorante sin calorías.
4. Inicie con una rutina de ejercicio. Se recomiendan actividades aeróbicas como caminar o usar bicicleta estacionaria o banda sinfín por lo menos media hora 4 veces por semana.
5. Si tiene exceso de peso y quiere indicaciones visite a su nutricionista. Es una buena inversión para mantener una buena salud.

 

— Dr. Jorge Tulio Rodríguez

Grandmothers’ knowledge positively influences maternal knowledge and infant and young child feeding practices

Abstract

To examine associations between grandmothers’ knowledge and infant and young child feeding (IYCF) practices and to test whether the associations are independent of or operate via maternal knowledge.

Cross-sectional household survey data from households with a child under 5 years (n 4080). We used multivariate regression analyses, adjusted for child, maternal, grandmother and household characteristics, and district-level clustering, to test associations between grandmothers’ knowledge and IYCF practices for children aged 6–24 months living with a grandmother. We used causal mediation to formally test the direct effect of grandmothers’ knowledge on IYCF practices v. maternal knowledge mediating these associations.

Two hundred and forty rural communities, sixteen districts of Nepal.

Children aged 6–24 months (n1399), including those living with grandmothers (n 748).

We found that the odds of optimal breast-feeding practices were higher (early breast-feeding initiation: 2·2 times, P=0·002; colostrum feeding: 4·2 times, P<0·001) in households where grandmothers had correct knowledge v. those with incorrect knowledge. The same pattern was found for correct timing of introduction of water (2·6), milk (2·4), semi-solids (3·2), solids (2·9), eggs (2·6) and meat (2·5 times; all P<0·001). For the two pathways we were able to test, mothers’ correct knowledge mediated these associations between grandmothers’ knowledge and IYCF practices: colostrum feeding (b=10·91, P<0·001) and the introduction of complementary foods (b=5·18, P<0·001).

Grandmothers’ correct knowledge translated into mothers’ correct knowledge and, therefore, optimal IYCF practices. Given grandmothers’ influence in childcare, engagement of grandmothers in health and nutrition interventions could improve mothers’ knowledge and facilitate better child feeding.

Referencias

Karmacharya, C., Cunningham, K., Choufani, J., & Kadiyala, S. (2017). Grandmothers’ knowledge positively influences maternal knowledge and infant and young child feeding practices. Public Health Nutrition, 1-10. doi:10.1017/S1368980017000969.

Recuperado de https://www.cambridge.org/core/journals/public-health-nutrition/article/grandmothers-knowledge-positively-influences-maternal-knowledge-and-infant-and-young-child-feeding-practices/0E3EB36749CECCA8FD99DB15ADC45486

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Donar sangre, ¿debilita físicamente?

Para terminar el mes de junio, en que se celebra el Día mundial del donante de sangre, les compartimos otra cápsula informativa de nuestra conversación con la licenciada Rocío Urréjola, Coordinadora Académica de la Escuela de Nutrición, y donante voluntaria desde hace ya varios años.

Nuestra pregunta en esta ocasión fue: Donar sangre, ¿debilita físicamente?

 

¿Qué tan distinta es cada experiencia de donación entre sí?

Cada junio se celebra el Día mundial del donante de sangre, y como parte de algunas dudas que surgen al hablar del tema está derribar el mito de que la experiencia en sí es peligrosa o aterradora. 

La licenciada Rocío Urréjola, Coordinadora académica de la Escuela de Nutrición, es donadora habitual y nos amplió en una serie de videos algunas dudas. 



 

Artículos relacionados:

¿Por qué soy donante voluntaria de sangre?

 

Latino Fathers’ Feeding – related Parenting Strategies on Children’s Eating*

 

Abstract

Este estudio examinó las características sociodemográficas de los padres y los hijos en relación con las estrategias de crianza relacionada con la alimentación y si dichas estrategias se asociaron con el consumo de frutas y hortalizas,  comidas rápidas semanales y el consumo de bebidas diarias azucaradas,  entre 81 parejas de padres / hijos latinos. La situación laboral de los padres, la aculturación, el número de niños en el hogar, la edad y el peso del niño se asociaron con el uso de diferentes estrategias de crianza. Además, se asoció más control con menos consumo de frutas y verduras, pero más refuerzo se asoció con más ingesta de frutas y verduras por los niños. Los padres juegan un papel en la dieta de sus hijos y debe ser considerado en futuras intervenciones.

 

Descarga el artículo aquí.

 

Humberto Parada Jr., MPH [a], Guadalupe X. Ayala, PhD, MPH [b,c ], Lucy A. Horton, MPH, MSc , Leticia Ibarra, MPH [d], and Elva M. Arredondo, PhDc,[e]

[a]Department of Epidemiology, University of North Carolina at Chapel Hill, Chapel Hill, NC, USA

[b] College of Health and Human Services, San Diego State University, San Diego, CA, USA

[c] SDSU Research Foundation, Institute for Behavioral and Community Health, San Diego, CA

[d] Clinicas de Salud de Pueblo, Inc., Brawley, CA

[e] Division of Health Promotion and Behavioral Science, San Diego State University, San Diego, CA, USA

 

* Artículo publicado en Ecol Food Nutr. 2016; 55(3): 292 – 307, doi: 10.1080/03670244.2016.1161616

¿Por qué soy donante voluntaria de sangre?

En el marco del Día mundial del donante de sangre, le preguntamos a la Licda. Rocío Urréjola por qué se convirtió en donante activa en los últimos años.

Esto nos compartió: 

 

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¿Qué tan distinta es cada experiencia de donación entre sí?

Día mundial del donante de sangre: 14 de junio

El 14 de junio se celebra el Día mundial del donante de sangre, para resaltar una actividad vital, a la cual lamentablemente, aún no se le presta la suficiente difusión en el país.

Según la OMS, este “evento sirve para dar a conocer la necesidad de disponer de sangre y productos sanguíneos inocuos y agradecer a los donantes un regalo que permite salvar vidas” [1]. Además, indican que este año la campaña se centrará en la importancia de donar sangre durante emergencias.

En el marco de dicha campaña, en la Escuela de Nutrición estaremos compartiendo consejos y datos relacionados a la donación de sangre, tratando de derribar ciertos mitos alrededor de esta práctica.

 

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[1] OMS 

Estado nutricional de niños en Guatemala: Hablemos de malnutrición

Por Karen Schlosser

En este documento se presentan los datos del estado nutricional de menores de 5 años en el país, con base en la información publicada en la VI Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil ENSMI 2014-2015.

En esta tabla se puede ver una reducción de 8.7% en la desnutrición crónica en un período de 20 años, y una disminución de 9.2% en la desnutrición global.

En las tablas a continuación se muestra un resumen de los resultados de la ENSMI 2014-2015.

Se han marcado con amarillo los valores mínimos y en rojo los máximos. Es importante mencionar que cuando se habla de nutrición infantil, se debe tomar en cuenta que la malnutrición incluye tanto deficiencias como excesos, por lo cual se incluyen también datos de sobrepeso.

 

 

La Tabla 2 revela que la población entre 18 y 23 meses es la más afectada por la desnutrición crónica y también la aguda. Por otra parte, entre los menores de 6 meses hay una alta incidencia de sobrepeso, con respecto de los otros grupos de edad.

En cuanto a los indicadores del estado nutricional según la región del país, se puede observar que en el área metropolitana hay menos incidencia de desnutrición crónica y en el noroccidente hay mayor. Los datos de desnutrición aguda están entre 0.01.0% y en el nororiente de Guatemala se encuentra el mayor porcentaje de niños con sobrepeso.

 

 

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¿En desventaja los más bajos? Asociación entre la estatura y el cociente intelectual

Notas

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[1] Desnutrición crónica: se estima a partir de la longitud/talla para la edad. El nivel de este tipo de desnutrición representa un retraso en el crecimiento.

[2] Desnutrición global: se estima a partir del peso para la edad. Este tipo de desnutrición no diferencia la desnutrición aguda (estimada a partir del peso para la talla) de la crónica.

[3] Los indicadores se expresan en desviaciones estándar (D.E.) de la mediana de las tablas de crecimiento de la OMS, 2006

[7] Desnutrición aguda: se estima a partir del peso para la longitud/talla.

[8] Sobrepeso estimado a partir del peso para la longitud/talla

[4] Los indicadores se expresan en desviaciones estándar (D.E.) de la mediana de las tablas de crecimiento de la OMS, 2006

¿En desventaja los más bajos? Asociación entre la estatura y el cociente intelectual*

— Karen Schlosser

Importancia del desarrollo óptimo en los primeros años de vida

La pobreza y la malnutrición representan factores de riesgo importantes para el desarrollo en la niñez. Se estima que, en países en vías de desarrollo, más de 200 millones de niños menores de 5 años no alcanzan su potencial en desarrollo.[1]  Estos primeros años de vida son particularmente importantes, pues durante esta época ocurren importantes cambios a nivel cerebral  (Figura 1), y por lo tanto, cualquier evento que altere estos procesos podría tener consecuencias a largo plazo en la capacidad funcional y estructural del cerebro.

Fig. 1  Desarrollo del cerebro humano[2]

Relación entre estatura y estado nutricional

 La estatura baja afecta entre 0.1 y 2.5% de la población mundial[3].  Esta se define así cuando la talla se encuentra ≥2 desviaciones estándar (DE) por debajo de la media poblacional. Sus causas son múltiples y están asociadas a enfermedades, factores ambientales, genéticos y también emocionales.

La malnutrición es una de las causas principales de retraso en el crecimiento en la mayoría de países en vías de desarrollo, y cerca de un tercio de niños en estos países presentan esta condición. [4],[5],[6]  

La Tabla 1 muestra datos porcentuales de talla baja (desnutrición crónica) a nivel mundial para las regiones de Naciones Unidas, basadas en un análisis de 288 encuestas nacionales de 139 países.  En estos datos se puede observar que, en el año 2005, 32% (178 millones de niños) de la población de niños menores de cinco años de todos los países en desarrollo sufrían de desnutrición crónica. 

Tabla 1. Porcentaje de retraso en el crecimiento (95% CI) en niños menores de 5 años en el 2005, según las tablas de referencia de la OMS para regiones y subregiones de las Naciones Unidas[7]

Un estado nutricional adecuado es clave para lograr alcanzar el potencial de los individuos.  Existe suficiente evidencia que la malnutrición afecta el intelecto, reduce la productividad y perpetua la pobreza.[8] El crecimiento del niño se ve afectado a largo plazo y sus consecuencias son relativamente irreversibles, ya que la ventana de oportunidad para abarcar efectivamente el problema se limita desde el inicio del embarazo hasta los 2 años de edad.[9],[10]

La Figura 3 muestra un marco conceptual, desarrollado por UNICEF, que reconoce las causas básicas, subyacentes e inmediatas de la malnutrición.

 

 Fig. 3 Marco conceptual (UNICEF) de las causas de la malnutrición[11]

 

 

Relación entre estatura y cociente intelectual

 

Una asociación positiva entre la estatura y la inteligencia (CI) se ha encontrado tanto en la niñez[12] como en la edad adulta[13], [14], [15].

Se ha demostrado que la talla baja a los 2 años de edad se asocia significativamente con un déficit en habilidades cognitivas más tarde en la vida.[16] Así mismo, se ha encontrado una relación positiva entre la estatura y rendimiento escolar; se han reportado menos casos de retiros escolares en niños más altos.[17] Se estudió también que las habilidades aritméticas específicas eran menores al comparar niños con retraso en el crecimiento y niños con talla normal[18].  En la Tabla 2 se presentan los datos promedio que demuestran la relación entre talla baja y pruebas cognitivas y desempeño escolar del estudio de Grantham-McGregor.

Tabla 2. Resumen descriptivo de estudios que estudiaron la asociación entre retraso en el crecimiento y puntajes en pruebas cognitivas y desempeño escolar.[19]

 

 

 

Estudios longitudinales han encontrado que la velocidad de crecimiento también está asociada al CI.  Un estudio sueco encontró que los hombres que eran pequeños al nacer, pero luego alcanzaban una estatura apropiada tenían CI mayores que aquellos que eran pequeños al nacer y permanecían de estatura corta en edad adulta[20]. Estudios publicados en Inglaterra revelaron que una alta velocidad de crecimiento entre los 2 y 4 años[21] así como entre 9 y 13 años[22] se asociaba con CI mayores. 

La estatura de un adulto se ha relacionado con su posición socioeconómica en varios estudios transversales.[23]  La estatura corta en la edad mediana se ha encontrado que predice una disminución en el CI durante la vejez[24].  Por lo tanto, se puede decir que la estatura baja ha sido asociada consistentemente con menor CI durante el ciclo de la vida.

 

A lo largo del tiempo han surgido varias explicaciones para la asociación entre la estatura y el CI; por ejemplo, la variación en el volumen cerebral.  Estudios previos han demostrado relación significativa entre el volumen cerebral y la estatura[25] y CI[26].   Sin embargo, la explicación más aceptada es que los factores ambientales afectarán tanto la estatura como el CI durante la niñez y por lo tanto la estatura en edad adulta se puede utilizar como un indicador de las condiciones de vida durante la infancia.

 

La posibilidad que los factores ambientales sean los únicos responsables de esta asociación parece contrastar con hallazgos en estudios entre gemelos y adopciones, que han encontrado una correlación entre herencia y CI. En la edad adulta, más de la mitad de las variaciones en CI es secundaria a diferencias genéticas entre individuos[27]. Por lo tanto, existe una posibilidad que factores genéticos también sean responsables entre la asociación de la estatura y el CI.

 

* El artículo original fue publicado en la Revista electrónica Ingeniería y Ciencia

 

 

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Estado nutricional de niños en Guatemala: Hablemos de malnutrición

 


[1] Grantham-McGregor, S., et.al.  Child development in developing countries: developmental potential in the first 5 years for children in developing countries. Lancet 2007; 369:60-70

[2] Thompson RA, Nelson CA. Developmental science and the media: early brain development. Publicado por Grantham-McGregor, S., et.al.  Child development in developing countries: developmental potential in the first 5 years for children in developing countries. Lancet 2007; 369:60-70

[3] Wheeler P.G., et.al. Short Stature and Functional Impairment. Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine 2004;158:236-243

[4] Black R.E., et al. Maternal and child undernutrition: global and regional exposures and health consequences. Lancet 2008; 371: 243–60.

[5] Streatfield P.K., et.al. Mainstreaming nutrition in maternal, newborn and child health: barriers to seeking services from existing maternal, newborn, child health programmes. Maternal and Child Nutrition 2008; 4: 237–255.

[6] Ashworth A., et.al. Growth monitoring and promotion: review of evidence of impact.  Maternal and Child Nutrition 2008; 4: 86–117

[7] Traducción y elaboración propia con datos de Black R.E., et al. Maternal and child undernutrition: global and regional exposures and health consequences. Lancet 2008; 371: 243–60.

[8] Id

[9] Gribble J.N., Murray N., y Menotti E.P.  Reconsidering Childhood Undernutrition: Can Birth Spacing Make a Difference? An Analysis of the 2002-2003 El Salvador National Family Health Survey.  Maternal and Child Nutrition 2009; 5: 49-63

[10] Dewey K.G. y Adu-Afarwuah S. Systematic review of the efficacy and effectiveness of complementary feeding interventions in developing countries. Maternal and Child Nutrition 2008; 4:24–85

[11] Traducción y Elaboración propia con datos de UNICEF 2005

[12] Ver pie de página No.3

[13] Humphreys L.G., Davey T.C. y Park R.K. Longitudinal correlation analysis of standing height and intelligence. Child Development 1985;56,:1465–1478

[14] Teasdale T.W., Sorensen T.I. y Owen D.R. Fall in association of height with intelligence and educational level. British Medical Journal 1989;298:1292–1293

[15] Tuvemo T., Jonsson B. y Persson I. Intellectual and physical performance and morbidity in relation to height in a cohort of 18-year-old Swedish conscripts. Hormone Research 1999;52:186–191

[16] Mendez M. A., Adair L. S. Severity and Timing of Stunting in the First Two Years of Life Affect Performance on Cognitive Tests in Late Childhood. Journal of Nutrition 1999;129:1555-1562

[17] Daniels M. C., Adair L. S. Growth in Young Filipino Children Predicts Schooling Trajectories through High School. Journal of Nutrition 2004;134:1439-1446

[18] Chang S. M., et.al. Early Childhood Stunting and Later Behaviour and school Achievement. Journal of Child Psychology and Psychiatry 2002; 43:775-783

[19] Traducción y elaboración propia con datos de Grantham-McGregor, S., et.al.  Child development in developing countries: developmental potential in the first 5 years for children in developing countries. Lancet 2007; 369:60-70

[20] Lundgren E.M., et.al. Intellectual and psychological performance on males born small for gestational age with and without catch-up growth. Hormone Research 2003; 59: 139-141

[21] Richards M., et.al. Birth weight, postnatal growth and cognitive function in a national UK birth cohort. International Journal of Epidemiology 2002;31:342–348

[22] Pearce M.S., et.al. Growth in early life and childhood IQ at age 11 years: the NewcastleThousand Families Study. International Journal of Epidemiology 2005;34:673–677

[23] Magnusson P.K., Rasmussen F., y Gyllensten U.B. Height at age 18 years is a strong predictor of attained education later in life: cohort study of over 950 000 Swedish men. International Journal of Epidemiology 2006;35:658–663

[24] Abbott, R.D., et.al. Height as a marker of childhood development and late-life cognitive function: the Honolulu-Asia Aging Study. Pediatrics 1998;102:602–609

[25] Posthuma D., et.al. Multivariate genetic analysis of brain structure in an extended twin design. Behavior Genetics 2000;30:311–319

[26] Posthuma D., et.al. The association between brain volume and intelligence is of genetic origin. Nature Neuroscience 2002; 5: 83–84

[27] Plomin R. y Spinath, F.M. Intelligence: genetics, genes, and genomics. Journal of Personality and Social Psychology 2004;86:112–129