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Resumen de la ponencia en el Simposio Internacional de Nutrición de la Asociación Mexicana de Miembros de Facultades y Escuelas de Nutrición, AMMFEN, realizado en Antigua Guatemala, Guatemala, abril de 2016

El planteamiento de que todos los seres humanos, independientemente de la etnia, residencia, sexo, origen, cultura o clase, tienen una dignidad propia y derecho al goce de los derechos humanos elementales, es actualmente una visión común de la humanidad. De hecho, estas creencias se constituyen en norma de comportamiento de cualquier sociedad justa. Probablemente el ejemplo más reconocido de la defensa de estos valores es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que establece que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos. Además, todas las personas tienen el derecho a una vida libre de discriminación o exclusión, a una existencia que les permita trabajar y lograr un salario justo o que se complemente, si fuera necesario, con otras medidas de protección social, y que les facilite el acceso adecuado a la alimentación, al vestido, a la vivienda, a la atención en salud y a la educación.

Los planteamientos previos entran en contradicción con la información revisada en numerosos informes a nivel nacional, regional y mundial que nos enfrenta a uno de los problemas más preocupantes de la humanidad, y en especial para nosotros como expertos en los campos técnicos de la nutrición, la salud y el desarrollo: el de la trágica condición en la que sobreviven en el mundo miles de millones de personas, especialmente de niños, que aun pasan hambre y sufren malnutrición. Esta realidad nos lleva además al continuado debate entre los pesimistas y optimistas, el eterno enfrentamiento de Casandra y Pollyanna, la discusión entre aquellos que proponen que el crecimiento de la población superará la capacidad de alimentación y la vida, y de quienes postulan que la humanidad ha logrado superar, y superará, todos los males que lo afecten. Pero al margen de esos argumentos, resulta vergonzoso que en el siglo XXI aun se reporte un número tan grande de casos de hambre y malnutrición en la humanidad, considerándose la suficiencia de recursos alimentarios e insumos para la población actual y la proyectada para el año 2050 y más, los avances sin precedentes de la ciencia, la tecnología, en la educación, la economía, así como en la comunicación, las relaciones humanas y la globalización de compromisos y solidaridad.

Cuando se analiza la situación del hambre y la malnutrición en el mundo se hace evidente que son males que no ocurren por azar. Son problemas que se concentran en algunas comunidades, en regiones geográficas y países específicos, y que tienen causas comunes. El hambre y la malnutrición se concentran en los más pobres, en los pueblos originarios, principalmente residentes en áreas rural y urbano marginales, con bajo nivel de educación, con limitación en bienes y servicios, y viviendo en áreas inseguras y sin paz, entre otras características. Estas desigualdades entre los grupos con hambre y los malnutridos de quienes no lo sufren son evitables, injustas y prevenibles, razón por lo que se habla de la inequidad del hambre y la malnutrición.

Tomando en cuenta el conocimiento actual sobre la trascendencia del hambre y la malnutrición, así como de los efectos favorables y bien documentados del mejoramiento de la alimentación y la nutrición en las poblaciones, en la salud y nutrición, el crecimiento y desarrollo, el rendimiento escolar, la productividad e ingresos, el desarrollo sostenible y el bienestar general, es que todos los países del mundo y su sistema de las Naciones Unidas y de las Agencias Especializadas, así como numerosos grupos de expertos, ha propuesto iniciativas mundiales tendientes a reducir, y eventualmente erradicar, el hambre y la malnutrición, además de la pobreza y otras calamidades que limitan la seguridad humana y frenan el desarrollo sostenible de la humanidad. Así, las actividades desarrolladas para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, hasta 2015, y de los más recientes Objetivos de Desarrollo Sostenible, hasta el 2030 llaman a redoblar esfuerzos para reducir la pobreza y el hambre y la malnutrición, entendiéndose que el éxito de estas acciones constituye una precondición para el logro de los restantes objetivos.

Las metas referidas a alimentación y nutrición propuestas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio se cumplieron, en un importante número de países y regiones, pero queda aún mucho por hacer en algunos grupos poblacionales, en su mayoría los más pobres y excluidos. Tomando en consideración las limitaciones encontradas, y con base en las lecciones aprendidas, la humanidad ha propuesto metas aún más exigentes que deberían llevarnos a lograr una situación de hambre cero a nivel de la humanidad. Se proponen metas relativas a la seguridad alimentaria y nutricional, la suficiencia alimentaria, la disminución en la desnutrición crónica, la emaciación, el sobrepeso y la obesidad y la deficiencia de micronutrientes, en especial de hierro.

La información y conocimientos disponibles en relación a la naturaleza, magnitud, distribución, y determinantes del hambre y la malnutrición, así como de formas cómo prevenirlas y tratarlas, con enfoques integrados, multisectoriales e interdisciplinarios, incluyendo el involucramiento pleno y coordinado de los sectores público, privado y de la sociedad civil organizada, nos hace optimista sobre los efectos del fortalecimiento del sistema alimentario mundial y de la promoción de una cultura de la salud y la nutrición individual, comunitaria y global sobre el problema del hambre, la malnutrición y sus determinantes a nivel mundial.

— Colaboración del Dr. Hernán Delgado, de Facultad de Medicina UFM

Sobre el DHA en la dieta diaria

Aunque existen diferentes tipos de ácidos grasos Omega-3, como DHA, ALA o EPA, éstos no son iguales entre sí. Cada uno aporta diferentes beneficios a nuestro organismo.

Recientemente, Nikki Putnam, nutricionista y dietista certificada de Altech, impartió una conferencia sobre los Beneficios del DHA para estudiantes de la Escuela de Nutrición.

DHA y las gallinas ponedoras

Dado que está comprobado que aproximadamente el 60% de los consumidores se preocupa por saber cómo se producen los alimentos que consumen, entre las propuestas de Altech está la adición de DHA al alimento de las gallinas ponedoras para así obtener huevos con alto contenido del mismo para su consumo.

Para esto, Altech produce un tipo de alga especial con alto contenido de DHA, para así, alimentar a las gallinas. Según Putnam, no es lo mismo fortificar un alimento con DHA que enriquecer un alimento con DHA. Entre las diferencias están que con la primera opción los alimentos sufren una alteración del sabor, contrario a cuando un alimento es enriquecido desde su origen.

Además, se recalcó que alimentar a los animales con DHA les provee también de beneficios a éstos.

Putnam resaltó que un bajo nivel de ingesta de DHA se asocia con habilidades de lectura abajo del nivel normal y poca habilidad emocional.
La recomendación final es probar alimentos enriquecidos con DHA, como los huevos producidos por gallinas alimentadas con algas.

— Redactado por LG. Información de conferencia “El DHA y sus beneficios”, dictada por Nikki Putnam el 25 de agosto en el Campus de la UFM.

Ictericia por leche materna

La ictericia por leche materna se define como la persistencia de ictericia fisiológica más allá de la primera semana de edad. Por lo general comienza después de los primeros tres a cinco días de vida, con aumento en las dos semanas proximas luego del nacimiento y disminuye progresivamente a niveles normales entre la tercera a doceava semana. Es una condición benigna y debe distinguirse de la ictericia que se produce dentro de los primeros siete días de vida, causada por una ingesta disminuida y que resulta en ganancia de peso y pérdida de líquidos.

guiamamaybebeEn la ictericia por leche materna, los bebés suelen tener niveles de bilirrubina total (BT)> 5 mg/dL (86 mol/L) durante varias semanas después del parto. Aunque, la hiperbilirrubinemia suele ser leve y no requiere intervención, debe ser monitoreado para garantizar que siga siendo no conjugada y no aumente. Si los niveles de bilirrubina total comenzarán a aumentar o si existe un componente importante de bilirrubina conjugada, la evaluación de otras causas de hiperbilirrubinemia se debe realizar, incluyendo colestasis neonatal. Si después de la evaluación, el diagnóstico clínico de ictericia por leche materna está hecho, la lactancia materna puede continuar con la expectativa de la resolución a las 12 semanas de edad.

La ictericia por leche materna parece ser causado por un factor en la leche humana que promueve un aumento en la absorción intestinal de bilirrubinemia aun no identificado. La beta-glucuronidasa es la sustancia propuesta como deconjugate de bilirrubina intestinal, aumentando la capacidad de absorción (es decir, aumento de la circulación enterohepática). Aproximadamente de 20 a 40 por ciento de las mujeres tienen altos niveles de beta-glucuronidasa en la leche materna. El bloqueo de la desconjugación de bilirrubina a través de la inhibición de la beta-glucuronidasa puede proporcionar un mecanismo para reducir la absorción intestinal de bilirrubina en los recién nacidos alimentados con leche materna. Aunque algunos estudios han encontrado niveles elevados de materia fecal de beta-glucuronidasa en los lactantes alimentados con leche materna con hiperbilirrubinemia, esto no ha sido un hallazgo consistente.

Los inhibidores de beta-glucuronidasa tales como caseína enzimáticamente hidrolizada o ácido L-aspártico se han utilizado profilácticamente en lactantes recién nacidos. Sin embargo, se necesitan más estudios para determinar si estos agentes son eficaces y seguros en la promoción del aumento de la excreción fecal de la bilirrubina y resultando en un bilirrubina total menor. Nosotros no recomendamos estos agentes para la ictericia por leche materna.

 

En resumen:

La ictericia por leche materna no es una razón para suspender la lactancia materna, siempre y cuando el bebé se está alimentando bien y gane peso. Los bebés con ictericia por leche materna rara vez necesitan tratamiento a menos que se desarrolla ictericia grave.

 

–Dr. Jorge Tulio Rodríguez, publicado en agosto del 2012